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Abu Dhabi, UAEFriday 16 November 2018

Diego Forlán: Tal como demostró el Alavés, incluso los equipos pequeños pueden vencer a gigantes como el Barcelona

AP Photo
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No me sorprendió que el Barcelona cayera en casa ante el Alavés el pasado fin de semana. Como he dicho siempre desde que empecé a escribir esta columna, el fútbol ha cambiado. Cualquier equipo puede ganar a otro y la reputación cuenta cada vez menos. Se critica la creciente dominancia de algunos equipos y, sin embargo, el fútbol es hoy más interesante que nunca porque todos los equipos más pequeños han mejorado. Es mucho menos predecible que otros deportes y es por eso que sigue siendo tan popular.

El Leicester City ganó la liga más difícil del mundo la temporada pasada. Esta frase por sí sola demuestra mi argumento. Sin embargo, la magnitud de su hazaña fue probablemente algo fuera de lo común. El Alavés mereció ganar en el Camp Nou esta semana, pero no ganará la Liga. Venció al Barcelona, pero no puede competir con los recursos que tiene, el número de jugadores de su plantilla o el talento de sus jugadores durante una temporada completa.

Es por eso que el Mundial, la Champions, la Copa de Europa y la Europa League son competiciones fascinantes, porque están llenas de sorpresas. A todo ello hay que añadir el formato de las eliminatorias, que aumenta el riesgo; las lesiones, las expulsiones y la suerte, y que en todos los torneos siempre hay sorpresas. La prueba está en los últimos campeonatos europeos y en los resultados de las selecciones de Islandia, Gales y Portugal. Un primer mal partido en un torneo puede acabar con la confianza de incluso los mejores equipos. En realidad, puede pasar cualquier cosa.

Luis Enrique hizo bien en no preocuparse demasiado por la derrota. El Barcelona sigue siendo un gran equipo con una plantilla increíble. Está expuesto a los peligros que puede traer el éxito como son demasiados partidos o lesiones, pero me extrañaría que no compitiera para ganar trofeos. Además, las plantillas de los clubs tienen más jugadores de nivel que nunca y si a ello añadimos un gran número de partidos, la rotación del equipo se hace fundamental, sobre todo para los equipos europeos con jugadores de Sudamérica, ya que estos viajan mucho más para jugar para sus países.

Los partidos de las selecciones de Sudamérica son más difíciles y su grupo de clasificación para el Mundial es muchísimo más difícil que cualquier grupo europeo. Los equipos viajan más, los rivales son mejores y los partidos se juegan a varias altitudes desde el nivel del mar hasta 3.600 metros de altura. Además, los jugadores pueden pasar de invierno a verano en un par de horas y el vuelo de regreso a Europa son 13 horas.

Teniendo en cuenta todo esto, Luis Enrique probó con las rotaciones contra el Alavés e hizo siete cambios. Cuando yo jugaba para el Atlético de Madrid, tuve que viajar a Uruguay para disputar un partido de clasificación para el mundial de Sudáfrica 2010. Jugamos dos partidos, uno en Bogotá a 2.600 metros de altura y otro, dos días más tarde, en Uruguay al nivel del mar después de siete horas de vuelo dirección sur. Empatamos, pero al final me dolía el músculo femoral. En un principio pensé que simplemente estaba cansado después haber jugado dos partidos. Tomé el vuelo de regreso a Madrid y hablé con mi entrenador acerca de lo sucedido. Me dijo que me quedara en Madrid y que no jugara el encuentro fuera de casa en Valladolid.

El martes siguiente teníamos un partido de Champions ante el PSV. Me sentía recuperado, pero a los 15 minutos para el final del encuentro corrí para conseguir la pelota y sentí dolor en el femoral. Salí del partido inmediatamente y fui baja durante casi un mes. Es por eso que la rotación y una plantilla con más de 11 jugadores es importante.

Barcelona se recuperó de inmediato, venciendo 7-0 al Celtic, un resultado que me entristeció un poco, porque hace una década los dos equipos de Glasgow eran fuertes.

Jugué en Glasgow los octavos de final de la Champions League con el Villarreal. Fue un partido excelente disputado en un ambiente increíble, lleno de ruido y color. La ciudad de Glasgow también me sorprendió gratamente. El centro es precioso.

Ganamos el partido, marqué un gol y nos clasificamos. Perdimos en las semifinales ante el Arsenal, pero hoy el Celtic y el Rangers no llegarían a los cuartos de final ni por asomo.

Uno de mis mejores goles cuando jugaba para el United fue contra el Rangers, una volea en Old Trafford. También jugué con el United contra el Celtic en Seattle donde por lo menos se congregaron 15.000 aficionados del equipo escocés. El Rangers y el Celtic cuentan con un gran número de fans en América del Norte. Son clubs enormes que solían reunir multitudes de entre 50.000 y 60.000 aficionados cuando yo jugaba en Inglaterra. Leía la asistencia en los periódicos y me quedaba de piedra. Estas multitudes, semana tras semana, eran más numerosas que las que podía reunir cualquier club en Sudamérica.

Es una pena que la liga escocesa haya perdido importancia hasta el punto de que sus clubs no tienen el nivel para competir con los equipos de segunda y ni siquiera con los de tercera división de Inglaterra. Una solución sería que los mejores equipos escoceses jugaran contra equipos más grandes.

Una propuesta es que jugaran con grandes clubes holandeses y belgas en una Liga del Atlántico o bien con algunos equipos grandes de Irlanda (del Norte y de la República) y de Gales. Sé que es complicado, que se plantearían objeciones y que podría tener implicaciones políticas. Respeto las tradiciones del fútbol y las viejas rivalidades de larga data y sé que a la gente no le gustan los cambios. Además, las ligas pequeñas podrían empezar a unirse y entonces ¿qué sentido tendrían las ligas nacionales? Pero es triste cuando gigantes como los de Glasgow se desvanecen sin tener ellos la culpa, simplemente por ser de un país con una población pequeña como Uruguay.

He empezado esta columna diciendo que el fútbol está más equilibrado que nunca. Me refería a los equipos que juegan en las ligas y competiciones más grandes. Por supuesto, este no es el caso de las ligas más pequeñas, como la escocesa, y puede que sea necesario un cambio para asegurar su futuro.